Literatura argelí escrita en francés. Boualem Sansal. faïza Guène



    Cuando hablamos del Magreb, en España tenemos tendencia a referirnos a Marruecos, cuando en Realidad este término designa a la parte más occidental del mundo árabe, el lugar por el que se pone el sol, el poniente que engloba todo el norte de África, incluidas Libia y Mauritania. De esta parte del mundo, como de todas las demás, se podría hablar sobre infinitos temas, pero me voy a limitar a la literatura actual, más concretamente la literatura de Argelia.

            Nunca he pensado en el idioma en el que se expresan los autores de este país porque inconscientemente, hasta hoy, he supuesto que escribían en árabe. Sin embargo, es innegable que poseen una parte de su pasado unido a Francia debido al colonialismo que existió hasta la independencia de mil novecientos sesenta y dos, por lo que habiéndose mantenido el francés como lengua administrativa y existiendo gran parte de la población que lo habla, de igual manera me parece lógico que exista una literatura escrita en francés.

            Es curioso comprobar cómo al utilizar el francés realizan una cierta distancia, quizá emocional, hacia sus países, sociedades y cultura que les permite reflexionar de forma crítica sobre su  complejidad al mismo tiempo que toman posición dentro de una sociedad cada vez más individualista. Estos escritores pudieran haber nacido también en Francia, por lo que, a menudo, establecen una doble relación entre el lugar de nacimiento y el de origen de sus padres creando así un sentimiento de nostalgia cultural y social diferenciado del de sus realidades cotidianas.

            Hasta ahora me he referido a autores, pero es innegable que también existen autoras. Esta literatura femenina conoció un gran auge a partir de los años ochenta del siglo pasado con el deseo de tomar la palabra y disfrutar de la libertad de expresión indispensable para hablar de sus vivencias y sentimientos, es decir, que desean afirmar su identidad como mujeres, de liberarse y de alejarse del ocultamiento público al estaban sometidas. Muchas escritoras recurren a obras autobiográficas y pasan al uso del “yo” como acto rebelde deseoso de alejarse de la marginalidad y del choque de culturas a los que se ven sometidas como hijas de inmigrantes.

            Es por esta razón por la que voy a hablar de dos novelas argelíes, una de Boualem Sansal, escritor franco argelí, y otra de Faïza Guène, nacida en Francia, pero de origen argelí. Hablaré concretamente de dos novelas, “El juramento de los bárbaros” y de “Sueños para los marginales. Es decir que nos situamos en la litertura argelí de expresión francesa.

            En la primera novela, Boualem Sansal, formado en la ingeniería y la economía, muy crítico con la arabización y la islamización de la enseñanaza,  es un escritor tardío. En esta novela, su forma de plantear el relato es muy original pues utilizando una estructura concéntrica, establece la investigación policial que será la base para exponer la historia reciente de Argelia. Sansal nos pasea por  la época histórica que va desde la guerra de independencia o de liberación, hasta los años noventa del siglo pasado en los que el terrorismo campaba a sus anchas. Su escritura se compone de una narración cuidada, con un idioma muy correcto, pero al mimo tiempo utiliza expresiones sencillas típicas del hablar popular, incluidos enunciados vulgares e incluso groseros. Su expresión se caracteriza por frases largas, a menudo derivadas en explicaciones adyacentes que dificultan la comprensión de la enunciación principal. Es un relato en el que el narrador, omnipresente, se permite reflexionar constantemente sobre la situación de Argelia, que avanza hacia el presente y retrocede constantemente hacia el pasado hasta revelarnos que durante el colonialismo, las raíces nacionales eran los galos, los bárbaros, y los paganos libertinos y andrajosos. La historia se sitúa en Rouiba y en Argel. En la primera permanecen ciertos símbolos del pasado colonial, como el cementerio cristiano deteriorado, y el monumento de una antigua familia de colonos cuidado por un ex empleado emigrado a Francia y regresado a su país para allí vivir sus últimos años.

            La novela comienza presentando los lugares de localización de la historia, Argel, la capital, y Rouiba, un municipio industrial cercano a Argel, así como la evolución de los tiempos. Continúa con la presentación del comisario Si Larbi cercano a su jubilación, muy afectado por el fallecimiento de su esposa y relegado a actividades poco importantes. No tardamos en entrar en contacto con el deterioro de las instituciones, la falta de medios, los vicios adquiridos por la población debido al excesivo control de los gobernantes desde la segunda guerra mundial, la guerra de liberación, el establecimiento de la república, la dictadura, o la violencia después de la anulación de las elecciones en mil novecientos noventa y uno. Tampoco olvida la violencia sexual, los raptos, las violaciones, el hecho de que una mujer sola no represente nada puesto que debe de estar casada, pero también la creación de símbolos sexuales que reconfortan y vigorizan, o la animadversión hacia los judíos argelíes.

            Por su parte, Larbi hace frente a las consecuencias directas de la censura, pues en sus interrogaciones se enfrenta al miedo de la gente a hablar y a las frecuentes invocaciones a Allah para justificar su falta de colaboración. Esto no le desanima y continúa inexorable su investigación hasta tropezarse con la lucha antiterrorista y el regreso de la mafia que, según él, vive en armonía con el Estado y se adapta a cada época, como si ésta fuera la base del país.

            Y de nuevo, el narrador toma el hilo de su relato de los años de terror, de la guerra civil, del terror instaurado por los diferentes grupos terroristas y antiterroristas, los golpes contra los niños, las mujeres, los ancianos jubilados, la aniquilación de escritores y poetas, y la pobreza nunca desaparecida. Quizá sea esa misma pobreza la que originó o  robusteció a los rebeldes, los islamistas, o la misma que ayudó a los Kabiles a inventar el FIS para liberarse de los árabes.

Llegamos a la época actual con una reflexión interesante sobre la Enseñanza Nacional y otros asuntos, Si Larbi se acerca a la conclusión de que el oportunismo político, en buena relación con el movimiento islamista, dejó huellas entre las comunidades de pied-noir o la de los harki, pero también de que, si Rouiba está loca desde que perdió la razón, Argel es la demencia misma desde tiempos inmemoriales. Sansal termina diciéndonos que “La historia no es historia cuando los criminales fabrican su tinta y se pasan la pluma unos a otros. Es la crónica de sus estratagemas. Y los que la leen sin quemarse el corazón son los falsos testigos”.

            En cuanto a la segunda novela “Sueño para los marginales”, nos acercamos al mundo de la inmigración argelí en los suburbios de París, esas “Cités” tan tristemente famosas por sus periódicas rebeliones de jóvenes en aparente desahucio de la sociedad desarrollada.

            Nos encontramos con la protagonista llamada Ahlème, de veinticuatro años, que encadena pequeños trabajos con los que se gana la vida en espera de obtener un contrato de larga duración. Convive con su padre que se encuentra en estado casi vegetativo después de haber tenido un accidente de trabajo en el que pasaba todo el día utilizando un martillo neumático, y su hermano de quince años. Ella y su hermano emigraron a Francia siendo huérfanos de madre cuando ella tenía diez años y su hermano aún era muy niño. Su padre es el prototipo de emigrante que vive todo el año solo y trabaja para enviar dinero a su familia a la que no ve nada más que un par de semanas cada año. Ahlème no se beneficia de la nacionalidad francesa y teniendo que renovar constantemente su permiso de residencia vive bajo la angustia constante de ser deportada a Argelia como sucedió con un chico muy cercano a ella. Su círculo de amistades gira en torno a unas chicas cuyo proyecto de vida es el de casarse con sus novios, tener hijos, y quizá regresar a su país, mientras que ella se despreocupa de su aspecto físico y de las relaciones con los chicos.

    Foued, su hermano, ya de quince años, muestra su falta de interés por los estudios y poco a poco su comportamiento degenera y se vuelve violento. Ahlème le ha criado desde la infancia y actúa como si fuera su madre, por lo que intenta que corrija su comportamiento, y estudie. Éste la hará creer que se ha enmendado e incluso la ayuda con las tareas de casa, sin embargo, su hermana descubrirá que la está engañando. Aparece la cuestión del desarraigo, la falta de identidad al no estar adaptados al país en el que viven ni al país en el que nacieron, por lo que Ahlème decide que regresar a las raíces, retomar el contacto del país del que salieron por razones abruptas y violentas era la mejor manera de conocerse y hacer balance de sus vivencias, de dónde deberían vivir, dónde se adaptarán mejor y dónde se conocerán mejor con el bagaje nacional, cultural y económico que poseen.

            Este pequeña novela es un buen ejemplo de las consecuencias del desarraigo y de la falta de oportunidades sociales y económicas que dificultan la realización de un proyecto de vida que llevar a cabo.

            Tanto “el juramento de los bárbaros” como “El sueño de los marginales” constituyen un ejemplo de las consecuencias presentes de un pasado violento que no permite que la población se realice ni pueda vivir de forma normalizada y pacífica con las raíces culturales, que son la base de toda persona en sí misma, en su relación con las personas que la rodean y con el lugar en el que reside.


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